Requiem por Maurice Jarre, el músico del Hollywood de los 60's

Share/Save

Murió Maurice Jarre y es hora de una reflexión sobre la gran orquesta y el cine estadounidense. Es hora de hacer honor al hombre que entre otros cerebros europeos (otra vez), ayudó quizás a perpetuar la música para orquesta en la pantalla de dimensiones Cinemascope.  Lo que sigue, es una reflexión nada más ;-)


Los años sesentas en la "azarosa historia del cine americano" (bendito título de la edición castellana de The Rise of the American Films, 1971 de Lewis Jacobs) fueron años de seguir la política externa y de estado como metrónomo; el cine lo financiaba el país que preparaba la guerra en Vietnam, y su destino dependía mucho de los servicios que el status quo solicitara a su industria fílmica. Contradictoriamente, el salto de los cincuentas a los sesentas, sólo vio mala racha para las cifras de producción; el dinero estaba en otra parte.

Esa otra parte quedaba lejos. Casi lejos. Residía oculta en la industria de la británica isla salvavidas y en los talentos europeos que a través de convenios multimillonarios, pusieron capitales e ideas para mantener las superproducciones de cine en la "potencia del norte". Las filiales de la productora MGM en el Reino Unido hicieron nacer producciones notables, en años en que se hacía menos cine que antes. 1962 -1963 fue, por ejemplo, un año de poquísimas películas estadounidenses en comparación a la década anterior.

Olivander - Contradictoriamente, Jarre reveló su primer golpe orquestal, su sinfonía "Titán", en la súper producción de David Lean Lawrence of Arabia de 1962. La obra se convirtió en la primer partitura orquestal sorprendentemente ambiciosa en recursos instrumentales de la década, y parece haberle valido gran reconocimiento mundial instantáneamente. Pareciera que la necesidad de que la orquesta no se fuera y por el contrario, siguiera creciendo en el cine de los EEUU, la había resarcido (de nuevo) un europeo.

El azar pierde su mérito y toma su lugar la rudeza de los vasos comunicantes; la historia no es más que el mismo sol apareciendo en distinta mañana. En alguna madrugada de los años cuarenta, Max Steiner, también resignificó junto con otros austriacos el uso de la GRAN orquesta y las líneas melódicas cromáticas con su partitura para Lo que el viento se llevó de Victor Fleming. Con Lawrence of Arabia, Jarre perpetuó maneras que desde los tiempos de Steiner fueron recurrentes en el llamado "cine gringo": pienso quizás en la NECESIDAD IMPERIOSA de líneas melódicas, el coqueteo chocante con la disonancia como recurso expresivo, el uso casi ilegal de profusas secciones de alientos, etc.

De pronto me parece tan sencillo grabar música con menos instrumentos, y experimentar con otros recursos tímbricos que sean igualmente grandiosos para la gran pantalla, si de ahorrar algo de plata se trataba (lógica que en los años 70's devino en la muerte de la música orquestal para el cine mexicano, cuando el charrismo sindical dejó de proteger los caprichos de sus compositores anquilozados). Pero los cincuentas y sesentas no funcionaron así para el cine "americano".

Una vez más, una revisita al lirismo orquestal neo-romántico, venía de europeos. Los compositores europeos de la generación de Jarre conectan con la generación de Steiner. El know-how del "cine gringo" probó ser más bien pluri-nacional, y desde aquí va una caravana para el talento y oficio demoniaco de Jarre y sus más de 150 obras de música para la pantalla.

Epílogo hipótesis: tengo la impresión de que el cine de los países que tuvieron industrias cinematográficas poderosas a mediados del siglo XX, pasó por crisis severas que los obligó a abandonar muchas cosas, pero no su música hecha con grandes orquestas.

Algunos vínculos relacionados:

Comentarios

Las grandes producciones cinematográficas han apostado por la gran orquestación simfónica desde que la Tv y las formas de ocio alternativo desde finales de los 50 hacen competencia durísima al cine más comercial de Hollywood. Es el momento de la ampliación de pantalla: scope, cinemascope (1953)o de los experimentos con los formatos: del 35mm al 70mm en 1955,por ejemplo. Todo ello en las grandes superproducciones de la época que intentaban con la espectacularidad en imagen y sonido (el dolby de la naranja mecánica es del 71) pero el surround ya se oía a finales de los 50, atraer de nuevo el público a las salas.
Y junto a todo ello, las grandes bandas sonoras orquestadas. En ese camino que el cinema clásico americano desde los 30'trazó en la búsqueda de la inmersión total del espectador en la narración, de la vivencia de la empatía con los personajes, la banda sonora juega quizá el papel más importante en la exaltación de ciertos sentimientos. Especialmente los que tienen que ver con las peripecias amorosas. Ahí Maurice jugó en primera división con su partitura modelo en "Dr. Zhivago".
Lo que puedo concluir es que, gracias a esa necesidad comercial, actualmente las únicas partituras para orquesta simfónica que llegan al gran público se realizan para el cine.
¿Que sería de nosotros sin Jarre, Williams, Goldsmith, Horner,.....?

Añadir nuevo comentario

AddToAny

Share/Save