música, tecnología, cultura libre y sonidos por dentro
Michael Geist, investigador en Jefe de Investigación Canadience en Comercio Electrónico y Leyes en la Universidad de Ottawa, escribe un texto en P2P sobre la ley vigente en aquel país desde 1953, que obliga a cualquier editor de libros a depositar un ejemplar de cada una des sus publicaciones en la National Library of Canada.
Lo más interesante de esta ley, es que ha expandido su competencia gradualmente, a publicaciones periódicas (1965), grabaciones de sonido (1969), "kits" de multi-medios (1978), microformas (1988), vídeo grabaciones y CD-ROMs (1993), y ediciones electrónicas en todo tipo de formatos físicos (1995). El primero de enero de 2007 la ley dio un maravilloso siguiente paso, y con él aportó argumentos para curarnos de la vacuidad detrás de la protección "anti-copia" (DRM) que promueven algunas empresas reaccionarias.
Alfonso María y Campo
para el Instituto de Antropología e Historia (INAH)
María Teresa Franco
para el Instituto Nacional de Bellas Artes
¿Alguien puede confirmar esta información?
Actualización: está confirmado.
Universal Music publica a principios de esta semana los resultados iniciales de un interesante experimento de comercialización; un experimento sobre el efecto "Long Tail" en la venta de música de épocas pasadas (con patillas y zapatos altos) a través de Internet.

El único momento en que recuerdo haber tecleado código ensamblador fue entre los 12 y 16 años. Copiaba y pegaba código de las revistas Ahoy! o de la también extinta Compute! Magazine en mi amada Commodore 64. Llegué a hacer un pequeño "Hello World" para el manejo de interrupciones en aquella máquina.
Ben Fry me hace recordar buenos tiempos, al publicar en su sitio la colección de imágenes Distellamap, donde imprime y colorea el código ensamblador (cuyos mnemónicos tienen siempre 3 caracteres y dos direcciones) de algunos juegos del antiguo Atari 2600, y traza curvas cada que hay un salto a una subrutina en el programa. Como bien dice Arcos en el ALT1040 donde tomo esta información: verdadero arte.
Esos juegos eran francamente, horribles versiones de los juegos electrónicos de las "maquinitas" de las papelerías y plazas de entretenimiento, diseñados para el padre orgulloso que sabía comprar el silencio y quietud de su hogar (función ahora usurpada por Nintendo, PlayStation, y Xbox). Yo jamás tuve un 2600, ya que, para robar el tiempo de estudio del piano y acrecentar la ira de mi paciente maestra, estaban mi fiel CoCo y mi querida C64.
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